Edna Breedlove Clampitt

Edna Breedlove Clampitt

Narradora: Debbie Crane

Ubicación: Carolina del Norte

Cuando apenas estaba aprendiendo a leer, me jactaba de leer todo lo que se presentaba ante mis ojos. Un día a finales de la primavera de 1966 me encontré leyendo las lápidas en un pequeño cementerio en la ladera de una montaña al oeste de Carolina del Norte. Había ido al cementerio con mi madre, Jessie Crane, y mi abuela, Edna Breedlove Clampitt. Recuerdo haber corrido cuesta arriba hasta donde estaba mi madre y haberle preguntado por qué varias de las lápidas parecían tener la misma fecha de muerte. Me dijo que se lo preguntara a mi abuela. Así lo hice y mi abuela me contó la historia de su familia y de la gripe que había azotado al país casi medio siglo antes de nuestra visita al cementerio.

A finales del otoño de 1918, Edna y su familia (su madre embarazada, su padre y sus 5 hermanos) vivían en una cabaña en el Condado de Swain, Carolina del Norte. Incluso hoy, el Condado de Swain está bastante desconectado del resto del mundo. Se llega luego de un largo viaje de 2 horas desde Asheville, Carolina del Norte. En 1918, estaba aún más aislado. Nadie en el lugar había oído hablar de la gripe. Vivían sus propias vidas cultivando sus tierras, criando a sus familias y “rezándole a Dios”.

Uno de los hermanos de mi abuela, Wade Breedlove, se había unido al ejército. La familia estaba muy emocionada cuando volvió a su casa de visita en noviembre. Se "desvivieron en atenciones”, lo que significa que cocinaron comidas especiales y todos vinieron de visita. Nadie sabía que su hermano había traído una muerte prematura de visita. Se enfermó poco después de haber regresado a la base, pero sobrevivió.

El resto de la familia no tuvo tanta suerte. A mediados de diciembre, la familia entera estaba muy enferma. Estaban doloridos. Les dolía la garganta. No paraban de toser. Mi bisabuela, Ida Mae Breedlove, dio a luz aún estando enferma. Mi abuela me contó sobre una noche terrible cuando la familia entera parecía estar ahogándose. Por la mañana, Ida y su hijo de 2 años, Woodrow, habían muerto. El recién nacido, llamado Paul, murió pocos días después. Mi abuela nunca supo si falleció a causa de la gripe, o simplemente se murió de hambre en una casa donde todos estaban demasiado débiles como para ocuparse de él.

Eventualmente, el resto de la familia se recuperó y siguieron adelante como pudieron sin la mujer de hierro que hasta entonces había sido su pilar. Hasta el día en que falleció, a la edad de 93 años, mi abuela Clampitt no recuerda haber estado tan enferma. Era una mujer de una profunda fe que decía haber visto un ángel cerca de la Navidad de ese año. Ese momento le dio fuerzas para seguir adelante.