
Narradora: Nancy Lybarger
Ubicación: Misuri
En 1918, mi madre, Geneva Fern Searcy-Thompson, tenía 5 años. Ese año, su hermano, Loren Ivan Searcy, falleció a causa de la gripe cuando sólo tenía 18 años. Aunque era una niña pequeña, Geneva recordaba cómo se enfermaban sus familiares y vecinos. Observaba enfermedad por todas partes y la muerte, algo desconocido para ella hasta entonces, se hizo realidad. Después de la muerte de su hermano, uno de sus tíos también falleció a causa de la gripe. Los ataúdes se estaban agotando.
Con el paso de los años, mi madre creció escuchando a su familia discutir sobre los momentos difíciles que trajo esta epidemia. Incluso después de haberse extinguido, el impacto sobre su familia y los vecinos que conocía fue muy duradero. Después de la Primera Guerra Mundial, la gripe y la pérdida de su primogénito, mi madre notó que su madre, Estella Naomi Hale-Searcy, nunca fue la misma, y así también se lo confirmaron.
Mi madre ha muerto y ahora me doy cuenta de cuánta historia se perdió por no prestar más atención a las historias que mis padres contaban sobre las experiencias en sus vidas. Las cosas que mi madre sí me contó me causaron una gran impresión.