Fundado en 1798, el Servicio del Hospital Marino proporcionaba originalmente servicios de cuidados de salud a los marinos enfermos o discapacitados. Hacia el final del siglo diecinueve, el aumento de las redes de comercio, de viajes y de la inmigración habían llevado al Servicio a expandir su misión e incluir la protección de la salud de todos los estadounidenses. Para reflejar este cambio, el Servicio del Hospital Marino recibió un nuevo nombre y pasó a ser el Servicio del Hospital Marino y de Salud Pública en 1902. Diez años después, en 1912, se acortó el nombre y quedó finalmente como el Servicio de Salud Pública (PHS, por sus siglas en inglés).
Bajo este nuevo nombre, le fue otorgado al Servicio de Salud Pública la autoridad legislativa completa "para investigar las enfermedades del hombre y [las] condiciones que influyen en la propagación y diseminación" de estas enfermedades. Todo tipo de dolencias, sin importar su causa, caía ahora bajo el control del PHS.
Estructura del Servicio de Salud Pública:
En 1918, el Servicio de Salud Pública estaba dominado por el Cuerpo Oficial, un cuadro móvil de profesionales médicos categorizados por grado y uniformados.
Para garantizar que el PHS atrajera a los mejores médicos del país, los requisitos de admisión eran altamente competitivos. A fines del siglo diecinueve, los médicos acudían en grandes masas para integrarse al PHS ya que éste ofrecía estabilidad laboral y un pago regular.
A pesar de que los cargos en el PHS estaban originalmente limitados a los médicos, a comienzos del siglo veinte se experimentó una gradual expansión del Cuerpo de Comisionados.
En 1918, todos los funcionarios comisionados eran hombres blancos. Sin embargo, las mujeres y aquellos pertenecientes a las minorías podían trabajar en el PHS como servidores civiles, y muchos lo hicieron como médicos, enfermeras, biólogos, farmacéuticos e ingenieros sanitarios.
Tareas de los funcionarios del PHS:
En 1918, había menos de 700 funcionarios comisionados en el PHS. Encargados de la sobrecogedora tarea de proteger la salud de unos 106 millones de estadounidenses, los funcionarios de PHS se encontraban no sólo en los Estados Unidos sino también en el exterior.
Debido a que había curas para muy pocas enfermedades, la prevención era de fundamental importancia para la misión del PHS. Bajo el liderazgo del Director General Rupert Blue, el PHS propugnó la utilización de la investigación científica, la cuarentena doméstica y externa, los hospitales marinos y las estadísticas para lograr esta misión.
La diseminación de la enfermedad dentro de los Estados Unidos era de gran preocupación. Sin embargo, los funcionarios del PHS estaban más preocupados por la importación de enfermedades al país. Para prevenir este hecho, los barcos podían resultar declarados en cuarentena por el PHS, lo que a menudo sucedía. También se requería que los viajeros e inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos pasaran por un examen médico al ingresar al país. Solamente en 1918, 700,000 inmigrantes pasaron por un examen médico en manos de funcionarios del PHS.
Dentro de los Estados Unidos, los funcionarios del PHS trabajaron directamente con los departamentos de salud estatales y locales para rastrear, prevenir y detener epidemias a medida que éstas aparecen. Durante 1918, los funcionarios del PHS se encontraron ellos mismos luchando no sólo contra la influenza, sino también contra la polio, el tifo, la fiebre tifoidea, la viruela y una amplia gama de otras enfermedades.
En 1918, el PHS operó laboratorios de investigaciones que abarcaban desde Hamilton, Montana hasta Washington DC. Los investigadores científicos en estos laboratorios finalmente descubrieron tanto las causas como las curas de enfermedades que van desde la Fiebre Maculosa de las Montañas Rocosas hasta el pelagra.
De acuerdo con la misión original del Servicio, los funcionarios del PHS también se encargaban de los marinos en hospitales desde Baltimore, Maryland hasta Seattle, Washington.
Las herramientas del Servicio de Salud Pública para luchar contra las enfermedades:
Para 1918, la mayoría de los funcionarios del PHS entendían cómo se diseminaban las enfermedades. Pero sin antibióticos, los funcionarios del PHS se encontraban limitados en su habilidad para luchar contra las enfermedades.
La cuarentena todavía era el arma más efectiva para controlar las epidemias. Pero las cuarentenas eran difíciles de imponer. Además, se imponían generalmente después de que la epidemia había comenzado.
Para colaborar en este proceso, el PHS comenzó a publicar una evaluación semanal de la salud de la nación en 1878. Para 1918, las autoridades locales y estatales proporcionaban de manera rutinaria Informes de Salud Pública en los que se informaba sobre brotes de varias enfermedades diferentes, lo que permitía al PHS seguir las epidemias a medida que se iban desarrollando. La influenza, sin embargo, no era una enfermedad "informable" en aquel momento.
Además de realizar un seguimiento de las epidemias, el PHS también realizó investigaciones de manera muy activa sobre las enfermedades y sus causas en el Laboratorio Higiénico, el precursor de los Institutos Nacionales de la Salud. Una vez encontradas las vacunas contra el tifo, la fiebre tifoidea y una variedad de otras enfermedades, los científicos dentro y fuera del PHS eran optimistas sobre sus habilidades para controlar y curar enfermedades en el futuro.
El PHS en 1918:
En una nación en la que las autoridades federales y estatales han luchado de manera sistemática contra la supremacía, los poderes del Servicio de Salud Pública eran limitados. Vistos con sospecha por muchas autoridades locales y estatales, los funcionarios del Servicio de Salud Pública (PHS, por sus siglas en inglés) se encontraban a menudo luchando contra las autoridades locales y estatales tanto como contra las epidemias - aún cuando habían sido llamados por dichas autoridades.
Discrepancias generalizadas en la ley estatal complicaron aún más el asunto.
A pesar de estos problemas, el Servicio de Salud Pública ha sido ampliamente reconocido como la institución que ha proporcionado a la nación con la mejor línea de defensa contra enfermedades infecciosas. Pero a medida que la influenza se diseminaba por toda la nación en el otoño de aquel año, las limitaciones de la medicina moderna se hicieron evidentes.
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