Se recopilaron historias y anécdotas sobre el impacto de la Gran Pandemia en cada estado para presentarlas en las cumbres para la planificación para una pandemia realizadas en cada estado.
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Cumbre del Estado de Luisiana
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
25 de abril de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Luisiana.
A medida que la pandemia comenzó a propagarse en todo el país en 1918, el presidente del Consejo de Salud de Nueva Orleans declaró que si la gripe llegase a la ciudad, el clima de ésta evitaría una tasa de mortalidad alta. Trágicamente, estaba muy equivocado.
Si bien las fechas y los números no se conocen exactamente, la enfermedad probablemente llegó a Nueva Orleans durante la primera semana de septiembre; aproximadamente la misma fecha en que el vapor Harold Walker zarpara de Boston hacia Nueva Orleans. La pandemia ya hacía estragos en Boston y, por ende, antes de que el Harold Walker llegara a Nueva Orleans, 15 pasajeros se habían contagiado, y tres ya habían muerto. Cuando el Harold Walker atracó en Nueva Orleans, los enfermos se encontraron con que no eran los únicos. La pandemia ya hacía estragos en Luisiana.
Para la tercera semana de septiembre, miles de personas se habían contagiado y cientos morían.
Para fines de octubre, 14,000 personas de Nueva Orleans se habían contagiado la gripe. Más de 800 habían muerto.
La gente estaba desesperada por obtener una cura.
Un médico de Nueva Orleans pensaba que el azufre "podía matar el germen." Este médico les aconsejaba a sus pacientes: "Ponga una pequeña cantidad de azufre en cada zapato todas las mañanas, y adiós influenza." Para asegurarse de que el azufre "funcionara", les decía a sus pacientes que llevaran un dólar de plata en sus bolsillos. Según el médico, la plata cambiaría de color en reacción al azufre emitido por el cuerpo.
El azufre no funcionó. Casi nada funcionó.
La pandemia finalmente terminó, pero quedaron los terribles recuerdos.
Un año después, la gripe se desató de nuevo en Nueva Orleans. Cuando sólo se habían contagiado unas pocas personas, el terror del año anterior fue suficiente para provocar la alarma. Un funcionario del Servicio de Salud Pública envió un telegrama urgente al Director General Blue, en el que le informaba: "Diez casos de influenza... Doctor Kibbe informa rápida propagación".
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Luisiana.
Cumbre del Estado de Maryland
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos
24 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Maryland.
Apareció por primera vez en Camp Meade el 17 de septiembre de 1918. Para el 28 de septiembre, se habían denunciado más de 1,700 casos en todo el estado.
En ese momento, el director médico de Baltimore declaró: "No hay ninguna razón para temer un brote en nuestra ciudad." Las semanas siguientes demostrarían que estaba terriblemente equivocado.
Se denunciaron casi 2,000 casos en la ciudad el 10 de octubre. A menudo, la enfermedad era mortal. En el día 19 de octubre solamente, 169 personas murieron a causa de la pandemia.
Todos estaban ausentes por enfermedad. No había suficientes lecheros, bomberos, telefonistas ni sepultureros. La ciudad no tenía suficientes empleados para que procesaran los certificados de defunción. Debido a que estaba prohibido realizar los entierros sin un certificado, los cadáveres y los ataúdes se apilaban dentro y fuera de las funerarias.
Los hospitales estaban desbordados. Los pacientes con gripe ocupaban seis salas del Johns Hopkins. Finalmente, el hospital tuvo que cerrar sus puertas. Tres médicos del personal, tres estudiantes de medicina y seis enfermeros murieron junto con los pacientes que atendían.
Según los cálculos más prudentes, al menos 75,000 de los 600,000 residentes de Baltimore se contagiaron la gripe. Más de 2,000 murieron.
Las circunstancias eran igualmente terribles en todo el estado. En Salisbury (ubicada en la península oriental de Maryland), aproximadamente 800 de los 11,000 residentes de la ciudad fueron afectados por la pandemia. En la ciudad de Cumberland, se enfermó el cuarenta y un por ciento de la población.
Nunca se sabrá la cantidad total de habitantes de Maryland que murieron durante la pandemia. Los informes están incompletos; la pestilencia fue demasiado fuerte. Pero quedaron sus ecos de terror, de sufrimiento y de pérdida.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Maryland.
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Cumbre del Estado de Massachusetts: Suplemento histórico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
7 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Massachusetts.
Llegó primero aquí, a Boston. El 27 de agosto de 1918, dos marineros de Commonwealth Pier informaron estar enfermos de influenza. Al día siguiente, eran ocho. Al tercer día, casi 60 personas se habían contagiado de influenza.
El fuego pronto se convirtió en un infierno y, en el plazo de dos semanas, 2,000 oficiales y hombres se habían contagiado.
El 8 de septiembre, una chispa de influenza alcanzó a Camp Devens, un campamento militar cerca de Boston con aproximadamente 50,000 soldados. La conflagración que estalló es difícil de comprender.
Un médico, conocido sólo como Roy, describió cómo era la situación a fines de septiembre. Escribió:
"Esta epidemia comenzó aproximadamente hace cuatro semanas, y se ha desarrollado tan rápidamente que el campamento está desmoralizado y todas las tareas cotidianas se detienen hasta que pase... Estos hombres comenzaron con lo que parece ser un ataque común de... influenza, y cuando se los trajo al hospital, desarrollaron con mucha rapidez el tipo de neumonía más viscoso que se haya visto.
Dos horas después de ser internados, ya tienen las manchas color caoba en los pómulos, y pocas horas después se comienza a ver como la cianosis se extiende desde las orejas y les cubre toda la cara, hasta que es difícil distinguir a una persona negra de una blanca.
Desde ese momento la muerte llega en cuestión de horas, y es simplemente una lucha por respirar hasta que se asfixian. Es horrible. Se puede soportar ver morir a uno, dos o veinte hombres, pero ver a estos pobres diablos caer como moscas realmente crispa los nervios. Hemos tenido un promedio de 100 muertes por día, y esto todavía continúa."
La pandemia fue igualmente atroz para los civiles. Apenas seis semanas después de que se contagiara el primer marinero de Commonwealth Pier, la pandemia hacía estragos en todo el estado. Para el 1 de octubre, el Servicio de Salud Pública calculó que había al menos 75,000 casos en el estado, sin incluir los casos de los campamentos militares.
En ese momento, casi 800 personas ya habían muerto de influenza aquí en Boston. Otras 200 habían muerto de neumonía. Cuando terminó el fin de semana siguiente, casi 1,300 habitantes de Boston habían muerto.
Cuando la epidemia finalmente tocó a su fin, aproximadamente 45,000 personas habían muerto en Massachusetts. Esto equivale a aproximadamente dos tercios de un estadio completo de un juego de los Patriots, o más de dos Boston Garden completos.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Massachusetts.
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Cumbre del Estado de Michigan
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
Por el Honorable Alex Azar
Subsecretario de Salud y Servicios Humanos
5 de abril de 2006
También estamos viendo algunos de los mismos síntomas de las víctimas de la cepa de 1918 en las víctimas de la actual cepa H5N1. Si la cepa H5N1, o cualquier otra cepa de influenza animal, se convirtiera en una cepa pandémica, nadie tendría inmunidad. Permítanme que les cuente cómo la pandemia de 1918 afectó a Michigan.
A fines de septiembre de 1918, funcionarios de Michigan informaron al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos que "se han denunciado muy pocos casos." Dos semanas después, no obstante, el estado no informó nada más, posiblemente porque las condiciones cada vez peores no permitían realizar los informes. Para el 18 de octubre, los funcionarios enviaron un lacónico informe que decía "se produjeron 50 muertes [por influenza] en el estado." Pero para el 25, habían informado que "desde el 1 hasta el 18 de octubre, inclusive, [hubo] 11,983 casos y 258 muertes en Michigan." A fines de octubre, la pandemia parecía haber alcanzado su punto máximo en Michigan, ya que para la semana que terminó el 26 se habían visto 21,541 casos y 922 muertes.
En la Upper Peninsula, una enfermera de salud pública llamada Annie Colon y un médico utilizaban una vagoneta para llegar a los pacientes aislados en lejanos campamentos madereros. Colon contó: "Trabajábamos día y noche. Atravesábamos entre 20 y 30 millas de densos bosques cada noche. Encontrábamos diez personas apiñadas, totalmente vestidas en una pequeña cabaña de troncos, y con temperaturas mayores de 104 grados... Engachábamos un vagón abierto a una vagoneta con alambre, poníamos una tabla encima, colchones sobre la tabla, muchas mantas y una lona para cubrir la parte superior y parar el viento, y llevábamos a los pacientes por 15 o más millas hasta una cama decente y la oportunidad de vivir... Todos trabajaban mucho y con un espíritu desinteresado."
En Michigan, las elecciones coincidieron con el punto más alto de la pandemia. La elección para el Senado de los Estados Unidos fue determinada por una estrecha mayoría, menos de 4,000 votos, y ciertamente había más de 4,000 personas postradas por la gripe.
A fines de octubre, en Detroit, un muchacho de dieciocho años llamado John Carrico anotó que su padre "se fue a casa y se quedó allí aproximadamente hasta las tres. Cuando regresó, llamó a la oficina de la Cruz Roja y les pidió que enviaran un enfermero a nuestra casa mañana a la mañana. Realmente tiene miedo de la influenza española. Nunca vi a alguien tan asustado como él. Si el miedo enfermara a las personas, estoy seguro de que se contagiará la ‘gripe'." Aunque los temores de su padre eran normales, y muchas de las personas que lo rodeaban estaban enfermas, él no estaba realmente enfermo.
En Flint, la gente se quejaba de que se había reclutado a muchos médicos. Cuando otro médico de la ciudad fue reclutado para el servicio militar, el vecino William W. Clark preguntó: "¿No deberían nuestros ciudadanos unirse para respaldar a nuestro consejo de salud y presentar una protesta contra más reclutamientos al gobierno... hasta que se acabe esta epidemia?"
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Michigan.
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Cumbre del Estado de Minesota: Suplemento histórico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
14 de diciembre de 2005
Aquí, en Minesota, la familia Paulson fue una de las primeras afectadas. Los Paulson eran vecinos de la ciudad de Wells, ubicada al sudoeste de Minneapolis, aproximadamente a dos horas de viaje.
Marie Paulson había enviado tres de sus siete hijos a la Gran Guerra. El 14 de septiembre de 1918, le avisaron que su hijo Walter, de 22 años, se había contagiado la neumonía. A los tres días, Walter había muerto. Un día después de que Walter fuera enterrado en Wells, se enfermó su hermano Raymond. Raymond moriría, al igual que su hermana, Anna Valerius.
Eso fue sólo el comienzo. El 25 de septiembre, el Director General anunció que se habían descubierto los primeros casos de influenza en Minesota. Aquí en Minneapolis, se enfermaron muchísimos reclutas del ejército que se alojaban temporalmente en la Universidad de Minesota.
Menos de una semana después de que se informara el primer caso de influenza, había más de 1,000 casos en Minneapolis. El 10 de octubre, se prohibieron todas las reuniones públicas. El 11, se cerraron todas las escuelas, las iglesias, los teatros, los salones de baile y las salas de billar.
En la ciudad de Cedar, la enfermedad continuó propagándose. Para el 17 de octubre, el Comisionado de Salud de la ciudad de Minneapolis calculó que aproximadamente 3,000 personas habían muerto a causa de la enfermedad.
Cuando la pandemia finalmente terminó en Minesota, a fines de 1920, se habían enfermado más de 75,000 personas. Casi 12,000 habían muerto.
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Cumbre del Estado de Misisipi
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
Por el Honorable Alex Azar
Subsecretario de Salud y Servicios Humanos
1 de mayo de 2006
También estamos viendo algunos de los mismos síntomas de las víctimas de la cepa de 1918 en las víctimas de la actual cepa H5N1. Si la cepa H5N1, o cualquier otra cepa de influenza animal, se convirtiera en una cepa pandémica, nadie tendría inmunidad. Permítanme que les cuente cómo la pandemia de 1918 afectó a Misisipi.
La pandemia pareció llegar lentamente los últimos días de septiembre de 1918. Los informes iniciales incluían "unos pocos casos...en los condados de Montgomery y Leake y posibles casos en Meridian."
La situación empeoró rápidamente. Una semana después de los primeros casos, funcionarios de Misisipi informaron al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos que "se han denunciado epidemias en distintos lugares del estado" y "la epidemia se propaga rápidamente". Para mediados de octubre, se habían denunciado miles de casos en todo el estado. Y las tasas de infección seguían aumentando.
De hecho, en los últimos días de octubre, había más de 6,000 casos nuevos de gripe por día; la gripe estaba en todas partes y nadie estaba a salvo.
En 1918, al igual que actualmente, en Brooklyn, Misisipi se encontraba la escuela secundaria Forrest County Agricultural High School. Ubicada en una de las zonas más altas del vecindario, a una milla del pequeño pueblo de Brooklyn, la escuela estaba relativamente aislada por la naturaleza y por la cuarentena autoimpuesta.
Por consiguiente, la gripe no llegó a la escuela durante las primeras etapas de la pandemia. Esto le dio a C. Armstrong, Subdirector General del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, la oportunidad de experimentar con una prometedora vacuna nueva para inocular contra la gripe; pero no tuvo éxito.
A principios de diciembre, la escuela se vio obligada a cerrar sus puertas ya que se enfermó más del 45 por ciento de los alumnos, tanto vacunados como no vacunados.
Los informes estatales de salud dijeron: "Es la opinión general de todos los que observaron estos casos que no hubo nada en especial que diferenciara a los vacunados de los no vacunados."
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Misisipi.
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Cumbre del Estado de Montana
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
Por Dr. Ken Moritsugu
Director General de Salud Pública de los EE. UU.
22 de mayo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Montana.
Cuando los funcionarios de Montana enviaron el primer informe al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos el 4 de octubre de 1918, la pandemia ya avanzaba rápidamente por todo el estado.
Durante las dos semanas siguientes no hubo más informes, probablemente porque estaban demasiado ocupados luchando contra la enfermedad. El 21 de octubre, los funcionarios enviaron un informe que, aunque era "muy incompleto," denunciada más de 3,500 casos de gripe.
Miles de personas se enfermaban, cientos morían y los habitantes de Montana se desesperaban. Cuando los medicamentos tradicionales fallaron, los ciudadanos de Butte recurrieron a los remedios de hierbas de un médico chino, el Dr. Huie Pock. Sus pacientes decían que sus remedios salvaban la vida. Si fue así, esos remedios llegaron a muy pocas personas.
Loretta Jarussi de Bearcreek, Montana, recordaba a personas jóvenes y sanas que pasaban por su pequeño pueblo, y que morían dos días después.
Jarussi comentó:
Las personas pasaban, y... se detenían y nos saludaban. Mi madre era muy simpática. Le encantaba ver gente. Ella se sentía sola allí, con nosotros. Entonces, cuando alguien pasaba, siempre se quedaba con ellos. Y, quizás una semana después, nos decían que tal y tal habían muerto, y esas personas habían pasado por nuestra casa. Muchísimas personas se contagiaron esa gripe, y murieron.
También recordaba lo que sucedió cuando su padre se contagió la gripe. Cuando tomó la tercera dosis del medicamento recetado por un médico del ejército, estaba seguro de que moriría.
Llamó a todos sus hijos alrededor de su cama y dijo: "Esto es para ti", "Tú debes hacer esto" y "Esto es tuyo", etc. Luego entró en una especie de... no sé... un sueño, un sueño profundo. Y mi madre pensó, realmente pensó, que se había muerto, pero mi padre se despertó y se sintió mejor. Pero le llevó dos años superarlo.
El padre de Loretta estaba lejos de ser el único.
El 1 de noviembre, funcionarios de Montana informaron que al menos 11,500 personas se habían contagiado la gripe durante las tres semanas anteriores. La cantidad de víctimas puede haber sido mayor, ya que los funcionarios admitieron que los informes eran incompletos.
Nunca se conocerán los números finales de la tragedia, pero quedaron los ecos de sufrimiento y de pérdida.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Montana.
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Cumbre del Estado de Missouri
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
23 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Misuri.
La pandemia comenzó en las dos ciudades grandes, St. Louis y Kansas, aproximadamente al mismo tiempo, la primera semana de octubre de 1918.
El 7 de octubre, el Alcalde de St. Louis, Henry Keil, promulgó un decreto que ordenaba cerrar "todos los teatros, cines, escuelas, salas de billar y pool, escuelas de catequesis, clubes nocturnos, hoteles, clubes, funerales públicos, reuniones al aire libre, salones de baile y convenciones."
Poco después (17 de octubre), el periódico Kansas City Star publicó: "DRÁSTICA PROHIBICIÓN". Y realmente lo era.
Se ordenó el cierre inmediato y por tiempo indefinido de todas las escuelas, iglesias y teatros. Se prohibieron las reuniones públicas de 20 o más personas, incluidos bailes, fiestas, bodas o funerales. Se prohibieron las multitudes en las tiendas. Los tranvías no debían llevar más de 20 pasajeros parados. Los ascensores se esterilizaban una vez por día y las cabinas telefónicas, dos veces.
Pero la pandemia continuaba propagándose por todo el estado, y los pillos y héroes trataron de aprovechar la oportunidad que traía aparejada.
Un médico de Misuri escribió al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos para ofrecer venderles su milagrosa cura para la influenza por el "precio nominal de $4.50 por paciente". En caso de que el Servicio de Salud Pública considerara que era una suma muy alta, también ofreció sus servicios al departamento médico del Ejército, por el salario de un capitán médico.
Entretanto, los alumnos de la Escuela Americana de Osteopatía de Kirksville, Misuri (en el norte del estado, aproximadamente a cuatro horas de St. Louis)], se graduaron antes para poder unirse a la lucha contra la influenza.
A pesar de todos los esfuerzos, la pandemia se cobró numerosas víctimas. Para fines de octubre, más de 21,000 habitantes de Misuri se habían contagiado y más de 500 habían muerto.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Misuri.
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Cumbre Estatal de Nebraska
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos
23 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Nebraska.
Nadie sabe cuándo apareció, pero para el 1 de octubre de 1918, ya se propagaba por todo el estado.
El 7 de octubre, había 400 casos de influenza aquí en Lincoln. En Omaha se denunciaron dos mil quinientos casos (donde la población en ese momento era de aproximadamente 177,000 personas). Los médicos rurales fueron puestos a prueba, ya que para mediados de octubre, algunos estados denunciaban entre 250 y 500 casos por día. Durante la terrible semana en que la pandemia alcanzó su punto máximo (26 de octubre), se contagiaron casi 21,000 habitantes de Nebraska. Casi 1,500 murieron.
Durante el terrible mes de octubre, los habitantes de Nebraska hicieron todo lo que pudieron para controlar la plaga. El alcalde de Hastings (ubicada a aproximadamente una hora y media de viaje al sudoeste de Lincoln) ordenó el cierre de teatros, escuelas, salas de pool y salones de cartas. En Omaha, se cerraron las escuelas. Se prohibieron las reuniones en lugares cerrados, y los oficios religiosos se realizaban al aire libre.
Los remedios caseros eran tan frecuentes como ineficaces. El periódico Hastings Tribune registró que algunos habitantes de Nebraska usaban amuletos de ajo. Se recomendaba utilizar Vick's VapoRub, al igual que Vacona, un ungüento medicinal, y algo llamado Dr. Pierce's Golden Medical Discovery.
Nada funcionó. Cuando la pandemia finalmente terminó, los médicos del estado calcularon que aproximadamente 3,000 habitantes de Nebraska habían muerto a causa de ésta.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Nebraska.
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Cumbre del Estado de Nuevo Hampshire
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
26 de mayo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a New Hampshire.
Llegó aquí desde Massachusetts, aunque nadie sabe exactamente cuándo. Pero, para fines de septiembre, la influenza ya era un infierno.
Aquí en Concord, un ex alcalde llamado Charles Corning informó: "La gripe [influenza] se propaga por Massachusetts y Nuevo Hampshire como el fuego seca los campos, destruyendo comunidades y cobrándose un número de víctimas sin precedentes".
Y agregó: "Una densa sensación de angustia y temor, como una negra nube en pleno verano, nos abruma debido a los estragos mortales de la llamada influenza española. Los funerales se suceden uno detrás de otro y la negra procesión continúa".
La pandemia ocasionó una falta de trabajadores esenciales. Entre el treinta y el cuarenta por ciento de los empleados de la New England Telephone and Telegraph Company estaban enfermos; por lo tanto, la empresa publicó anuncios en los que solicitaba a los clientes que no hicieran llamadas innecesarias y que no pidieran hablar con el operador.
También hubo una terrible escasez de médicos y enfermeros. Durante el punto máximo de la pandemia (a mediados de octubre), un trabajador de salud pública de la ciudad de Berlin (ubicada en el noreste de Nuevo Hampshire) informó:
Es casi imposible describir las condiciones de esta comunidad. Soy el único trabajador de salud pública con experiencia, a excepción del personal. El sábado, atendí a cuarenta pacientes, entre cuatro y nueve enfermos por familia. Se hace todo lo posible. Hay sólo siete médicos en la ciudad.
Nunca se sabrá el número final de víctimas que se llevó la pandemia en Nuevo Hampshire. Pero aquí quedaron los ecos.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Nuevo Hampshire.
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Cumbre del Estado de Nueva Jersey
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
31 de mayo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Nueva Jersey.
La primera víctima de la gripe española en Nueva Jersey fue un soldado de Fort Dix que recién había llegado de Europa. Fue el colmo de la ironía: sobrevivir a los peligros de los campos de batalla de la Gran Guerra sólo para contagiarse una enfermedad mortal al llegar a casa.
En el otoño de 1918, esa ironía comenzaba a jugar en todo el país y el mundo. Muchos otros sufrirían el mismo destino cruel en los días siguientes.
El 27 de septiembre, el director médico del estado anunció que la enfermedad "estaba excepcionalmente extendida" en todo el estado. Durante los tres días siguientes, se denunciaron más de 2,000 casos nuevos.
Apenas una semana después (6 de octubre), esa terrible cantidad de contagiados fue igualada en una sola ciudad, Gloucester City (cerca de Filadelfia).
La rapidez con que la enfermedad mataba era tan horrorosa como la cantidad de personas que afectaba. Un agente de seguros recordaba que, durante la pandemia "las muertes eran tan repentinas que era casi increíble. Uno hablaba con alguien un día y al día siguiente se enteraba de que había muerto".
Un médico de Nueva Jersey comentó que era común hablar con alguien que parecía estar sano y unos días después encontrarlo en la mesa de autopsias.
Nueva Jersey luchó contra la enfermedad lo mejor que pudo. El 10 de octubre, el estado prohibió todas las reuniones públicas.
Algunos experimentaron con una vacuna nueva. Cuando esto falló, se utilizaron "medicamentos" alternativos, que iban desde whisky a cebollas rojas y café.
Nada de eso funcionó.
En Newark, la comunidad médica de la ciudad intentó realizar una campaña de educación pública en gran escala. Distribuyeron folletos sobre prevención y tratamiento en todos los hogares. Se evitaron las multitudes y se prohibieron los funerales públicos para prevenir la propagación de la enfermedad.
Pero a pesar de esos esfuerzos, la enfermedad siguió haciendo estragos.
Los establecimientos médicos se desbordaban rápidamente. La ciudad de Newark adquirió un depósito de muebles vacío para utilizarlo como hospital de emergencia a fin de ayudar a manejar el exceso de pacientes. También había escasez de médicos y enfermeras, ya que muchos de los profesionales médicos de Nueva Jersey estaban en la guerra en el extranjero.
Los trabajadores de atención médica que podían ayudar trabajaban día y noche para hacer todo lo que podían. Un médico atendió a más de 3,000 pacientes en un mes. Este médico recordaba:
No era necesario concertar citas. Cuando salía del consultorio en la mañana, la gente me agarraba mientras caminaba por la calle y simplemente veía a un paciente detrás de otro hasta la noche.
Aun así, los cadáveres se acumulaban más rápido de lo que se demoraba en enterrarlos. Al principio, los empleados públicos y los bomberos ayudaban a cavar tumbas. Luego, se utilizaban tiros de caballos para abrir zanjas que se usarían como fosas comunes.
En un solo día, 22 de octubre, se contagiaron más de 7,000 individuos, y 366 murieron. Los informes incompletos enviados al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos muestran que hasta ese día, más de 150,000 residentes de Nueva Jersey se habían contagiado la gripe. Más de 4,400 habían muerto.
En noviembre, la enfermedad comenzó a desaparecer, pero dejó innumerables familias devastadas a su paso.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Nueva Jersey.
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Cumbre del Estado de Nuevo Mexico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
28 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Nuevo México.
Nadie sabe con seguridad cuándo apareció, pero es probable que haya sido llevada a Carlsbad (en el extremo sudeste del estado) por los miembros de un circo. El 4 de octubre, hubo denuncias de "unos pocos casos" en "varios lugares". Una semana después, se denunciaron epidemias en Albuquerque, Gallup (al oeste de Albuquerque) y Carlsbad. Y la pandemia continuó extendiéndose.
En algunos casos, Smith and Wesson y Colt se cruzaron en el camino. Por temor a la llegada de la enfermedad, vigilantes armados de todo el estado detenían los trenes que venían de regiones afectadas por la gripe y obligaban a los pasajeros a volver a subir al tren y regresar a su lugar de partida.
Esos temores eran bien fundados. La gripe afectaba a miles de habitantes de Nuevo México, y se cobraba la vida de cientos de personas.
Pero en una ocasión, el temor demostró ser peor que la gripe misma.
Una familia entera de Las Vegas (al este de Santa Fe), los Garduno, se enfermó de influenza. La Sra. Clara Garduno sucumbió primero a la enfermedad y pronto se dictaminó que estaba muerta. Los funcionarios del Departamento de Salud exigieron que se la enterrara de inmediato, para prevenir la propagación de la enfermedad y su esposo contrató los servicios de una funeraria.
Debido a que tres de sus hijos también estaban muy enfermos cuando ella murió y no se esperaba que sobrevivieran, la tumba de Clara se dejó destapada para permitir el entierro sin demora de los niños cuando fallecieran. Dos de los niños murieron al día siguiente, y cuando el funebrero comenzó a enterrarlos, Frank Garduno pidió ver el cuerpo de su esposa por última vez.
Con espanto, descubrió que su esposa no estaba muerta cuando la enterraron. Debido al temor y al apuro por enterrar a las víctimas de la influenza, el médico que había declarado muerta a Clara se había equivocado. La mujer había sido enterrada viva y se había asfixiado en su ataúd.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Nuevo México.
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Cumbre del Estado de Nueva York
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
27 de julio de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Nueva York.
Los primeros casos aparecieron durante la última semana de septiembre de 1918, cuando 61 neoyorquinos fueron diagnosticados de gripe española.
La pandemia pronto se convirtió en un fuego ardiente. Menos de dos semanas después de su aparición, más de 2,500 neoyorquinos estaban contagiados. Decenas de miles los seguirían al hospital. Miles seguirían a la morgue.
Casi 4,000 neoyorquinos murieron a causa de la pandemia durante las primeras tres semanas de octubre. Al mismo tiempo, más de 4,500 personas más murieron en ciudades de todo el estado. En Rochester, 213 personas murieron en una semana.
Los médicos se enfermaban junto con los pacientes que atendían. Uno de ellos fue el Dr. George Gorrill, director del Buffalo State Hospital. Había muy pocos médicos, debido a las demandas de la Primera Guerra Mundial.
En un esfuerzo para reemplazar la falta de médicos, se llamó a las clases de los últimos años de la Buffalo Medical School. Poco después, se les unió la clase de segundo año.
Pero aun así no eran suficientes para atender a todos los contagiados. El Comisionado de Salud Interino de la ciudad, Franklin Gram, dijo:
“Era común encontrar personas que habían esperado dos o tres días luego de haber llamado repetidas veces a los médicos, que habían sufrido y habían muerto, porque todos los médicos estaban al límite de sus fuerzas.”
En todo el estado, familias enteras se veían afectadas por la enfermedad.
En Albany, se enfermó toda la familia Altman, incluida Stella de nueve años, su madre y sus tres hermanos menores. Stella recordaba: “No había ayuda en ningún lado; todos estaban demasiado ocupados cuidando a sus familias”. La madre de Stella murió, pero sus hijos no pudieron ir al funeral porque estaban demasiado enfermos.
La familia Stein de South Center Street de Nueva York también se contagió. Un trabajador social que los visitó encontró a un bebé muerto en su cuna y a los otros siete miembros de la familia gravemente enfermos.
En Brooklyn, un hombre llamado Michael Wind tenía seis años cuando la gripe llegó a la ciudad. Este hombre recordaba:
Cuando mi madre murió de influenza, estábamos todos reunidos en una habitación, seis niños de dos a doce años. Mi padre estaba sentado junto a la cama de mi madre, con la cabeza en sus manos, sollozando con amargura. Todos los amigos de mi madre estaban allí, con lágrimas de asombro en sus ojos. Le gritaban a mi padre, le preguntaban por qué no los había llamado para decirles que estaba enferma. Ayer estaba bien. ¿Cómo pudo ocurrir esto?
Incapaz de enfrentar la situación, el padre de Wind dejó a sus hijos en el asilo Brooklyn Hebrew Orphan Asylum. Pronto, 600 niños llenaron el asilo, la mayoría de ellos huérfanos a causa de la gripe.
La gran pandemia llenó los orfanatos de la ciudad de Nueva York y también sus hospitales y morgues. Más de 90,000 neoyorquinos se contagiaron y más de 12,000 murieron.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Nueva York.
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Cumbre del Estado de Carolina del Norte
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
21 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Carolina del Norte.
La pandemia apareció a fines de septiembre de 1918. El 27 de septiembre, se denunciaron 400 casos en Wilmington. Otros casos se denunciaron aquí en Raleigh.
Luego, se extendió como un reguero de pólvora por el resto del estado. Para el 4 de octubre, la influenza afectaba a los habitantes de 24 condados y era epidémica en Raleigh y Wilmington. Poco después, hizo estragos en Fayetteville.
Las autoridades hacían lo que podían para contener el avance de la enfermedad. El 5 de octubre, el Consejo Estatal de Salud solicitó a las autoridades de las comunidades en las que apareció la pandemia que "de inmediato... cerraran la escuela y todas las reuniones públicas."
Sin embargo, el Dr. W.S. Rankin del Consejo Estatal de Salud se negó a aprobar el uso de ron en los hospitales de emergencia debido a la falta de pruebas de su eficacia contra la influenza. En su lugar, el Consejo recomendaba tratamientos de "sol y aire libre". También se recetaba Calomel, un laxante (e insecticida).
Los habitantes sufrían terriblemente cuando llegaba la pandemia.
Por ejemplo, Selena W. Saunders, que acompañó a un enfermero en el ciudad textil de Cramerton (ubicado a unas millas al oeste de Charlotte) recordaba:
"Esta nueva enfermedad... atacaba de pronto, se agotaba rápidamente en tres días de fiebre altísima y a menudo mataba a su víctima. La gente perdió la fe en los remedios en los que había confiado toda la vida y se desesperó. Algunos se encerraron en sus casas y se negaron a abrir la puerta... Los comerciantes clavaron barras en sus puertas, y atendieron a los clientes de a uno por vez en la entrada. Encontramos familias enteras enfermas, en las que nadie podía ayudar a los demás. En una familia, la madre murió sin saber que su hijo, que yacía en la habitación contigua, había muerto unas horas antes".
En la ciudad de Goldsboro, un vecino llamado Dan Tonkel recordaba:
"Me sentía como si caminara sobre cáscaras de huevo. Tenía miedo de salir, de jugar con mis amigos, mis compañeros de clase, mis vecinos. Tenía miedo casi hasta de respirar. Recuerdo que realmente tenía miedo de respirar. Las personas tenían miedo de hablar entre ellas. Pensaban ‘no respires en mi cara, ni siquiera me mires, porque me puedes contagiar los gérmenes que me matarán'".
Tonkel agregaba:
"Los agricultores dejaron de cultivar; los comerciantes dejaron de vender. El país prácticamente se cerró. Todos contenían la respiración, esperando que sucediera algo. Tantas personas morían que casi no podíamos contarlas. Nunca sabíamos quién sería el próximo en la lista de muertos."
Cuando la pandemia terminó, al menos 13,000 habitantes de Carolina del Norte habían muerto.
Una de las víctimas fue Ernest Carroll, quien probablemente se haya contagiado mientras servía sopa a los enfermos de influenza en la Iglesia Bautista Tabernacle de Raleigh. Luego de que murió, el Templo Bautista le puso su nombre a la cocina y el refectorio.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Carolina del Norte.
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Cumbre del Estado de Nevada
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
17 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Nevada.
En 1918, la población de todo el estado de Nevada era menos del cuatro por ciento de la actual, sólo 77,000 personas. Sin embargo, entre mediados de octubre y fines de noviembre, el estado denunció varios cientos de casos de gripe española y muertes causadas por ésta.
Nunca se conocerá el número exacto de habitantes de Nevada afectados por la gripe, ya que nunca se enviaron informes regulares al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos.
Sin embargo, los habitantes de Nevada reaccionaron ante la gripe al igual que los habitantes de otros estados: se promulgaron ordenanzas que exigían el uso de máscaras en público. Se prohibieron todas las reuniones públicas. En el condado de White Pine (ubicado en el centro-este de Nevada), se impuso una cuarentena que abarcó todo el condado durante dos meses y medio para ayudar a detener el avance de la pandemia.
Nevada incluso consideró establecer estaciones de cuarentena a lo largo de las fronteras del estado para salvaguardarlo de la enfermedad.
Pero estas medidas preventivas no siempre eran populares. En el condado de Elko (ubicado al noreste de Nevada), una maestra llamada Eleanor Holland se quejaba de que el uso obligatorio de máscaras era una molestia ridícula.
Poco después, esta maestra se contagió la gripe y casi pierde la vida. Luego recordaba: "No fue gracioso cuando me contagié la gripe y casi muero. Afortunadamente, ninguno de los otros maestros se contagió, aunque todos ayudaron a cuidarme".
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Esto no es un libro de Stephen King. Ya ocurrió en 1918, y si se desata una pandemia, llegará a Nevada.
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Cumbre del Estado de Dakota del Norte
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
9 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Dakota del Norte.
El 27 de septiembre de 1918, el periódico Bismarck Tribune tranquilizó a los lectores preocupados por la gripe española diciendo: "Los médicos consideran que si los habitantes de Dakota del Norte toman las precauciones normales no deben temer los estragos de esta enfermedad".
No pudo estar más equivocado.
La primera noticia oficial de la presencia de la gripe en Dakota del Norte llegó al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos a principios de octubre, cuando se denunciaron 75 casos en Rockford, en el condado de Eddy (tres horas al noreste de Bismarck).
La aparición de la enfermedad fue repentina y devastadora. En menos de una semana, el optimista titular del Fargo Forum: "La gripe española no llegó a Fargo" se convirtió en un informe de más de 100 casos.
Los habitantes de Dakota del Norte trataron de detener la creciente marea de la enfermedad. Se cerraron las escuelas, las iglesias y los negocios. Se prohibieron las reuniones públicas de todo tipo. Todos los lugares de entretenimiento, incluidos los salones de baile, teatros y salones de pool, cerraron sus puertas. El transporte de pacientes con influenza en los trenes se convirtió en un delito.
Nada funcionó. Y la comunidad de atención médica de Dakota del Norte estaba desbordada.
Para la segunda semana de octubre, se habían contagiado casi 6,000 personas. Cientos murieron. Las personas jóvenes y sanas fueron las más afectadas. De las 173 muertes por influenza enumeradas en el Fargo Forum, 122 (70%) fueron personas de entre 18 y 35 años.
Uno de ellos fue Christian G. Lucas, el hijo mayor del alcalde de la ciudad, que murió a los 21 años. Christian era un joven muy prometedor que deseaba colaborar en la guerra. Fue internado en el hospital el mismo día que recibió la orden de reclutamiento del Cuerpo de Aviación Naval.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Dakota del Norte.
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Cumbre del Estado de Ohio
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
17 de febrero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Ohio.
Cuando se denunciaron los primeros casos al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, el 4 de octubre, la pandemia ya hacía estragos.
Los habitantes de Ohio reaccionaron como muchos otros del país para tratar de contener la enfermedad: prohibieron las reuniones públicas, cerraron las puertas de las universidades y escuelas públicas, y prohibieron los comportamientos que se creía propagaban la enfermedad, tales como escupir.
Pero todo fue en vano.
A medida que se propagaba la enfermedad, se instalaban hospitales provisionales para atender a los enfermos. Uno de estos hospitales auxiliares era el Majestic Theater de Chillicothe, Ohio (ubicado aproximadamente 45 millas al sur de Columbus), donde había tantas víctimas que fueron descriptas como "amontonadas como un haz de leña".
La gripe, y el temor a la gripe, estaban en todos lados. Anunciantes y oportunistas aprovecharon para vender sus artículos. Incluso apareció en la popular historieta "Polly and Her Pals". La protagonista se mostraba con un "babero bacteria" y lamentándose de que nunca se había contagiado algo tan "de moda" como la gripe española.
Pero miles de personas en Ohio sí se contagiaron la gripe. Para la última semana de octubre, Ohio denunció 125,000 casos de gripe española. Esa semana, murieron más de 1,500 habitantes de Ohio.
Y más personas siguieron cayendo. Uno de los habitantes de Ohio que murió fue el padre del ex gobernador de Ohio, Jim Rhodes. Otro fue una monja, la hermana Raphael O'Connor, que murió unos días antes de cumplir cincuenta y ocho años mientras cuidaba a víctimas de la influenza.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Esto no es un libro de Stephen King. Ya ocurrió en 1918, y si se desata una pandemia, llegará a Ohio.
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