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Oíamos doblar las campanas: Introducción
Oíamos doblar las campanas: la influenza de 1918
A lo largo de la historia los virus de influenza han mutado y han causado pandemias o epidemias globales. En 1918 y 1919, la peor influenza de la historia documentada ocasionó alrededor de 50 millones de muertes en todo el mundo. En Estados Unidos el número de víctimas fatales llegó fue de 675,000 – cinco veces el número de soldados estadounidenses que murieron en la Primera Guerra Mundial. La enfermedad parecía afectar principalmente a adultos jóvenes y embarazadas, lo que dejaba a muchos niños pequeños sin madres ni padres. ¿De dónde vino la influenza de 1918? ¿Y por qué fue tan mortal? ¿Qué podemos aprender de los que sobrevivieron a la pandemia de 1918?
Oíamos doblar las campanas, narrada por la galardonada actriz S. Epatha Merkerson (Law & Order), explora las experiencias personales y familiares de un grupo diverso de estadounidenses durante la pandemia de influenza de 1918. La historia se desarrolla a medida que los supervivientes de la pandemia cuentan sus relatos. Sus recuerdos dan lugar a preguntas clave que todavía motivan la búsqueda de respuestas que nos ayuden a sobrellevar la pandemia actual de influenza H1N1 y futuras pandemias de gripe.
“Los supervivientes de la pandemia a quienes conocimos venían de circunstancias muy diferentes cultural y geográficamente hablando. Hablaban de sus experiencias con distintos acentos, pero sus recuerdos tenían muchísimos puntos en común", dice Lisa Laden, productora de Oíamos doblar las campanas. “Me impresionó especialmente la frecuencia con la que los supervivientes recordaban la pandemia en términos de sus sonidos: campanadas, golpes de martillos, de palas, las voces de hombres que volvían cansados después de atender a las víctimas. También me sorprendió la capacidad de resistencia de los supervivientes. Su entereza y fortaleza personal nos recuerdan que nuestro país era lo bastante fuerte como para soportar la pandemia de gripe de 1918-1919 y también para recuperarse".
La pandemia de 1918-1919 ocurrió en tres olas. La primera ola surgió cuando un brote de influenza leve se produjo a finales de la primavera y el verano de 1918. La segunda ola comprendió un brote de influenza grave en el otoño de 1918 y la última ola ocurrió en la primavera de 1919.
"Mi madre, mi padre y mis dos hermanas contrajeron la gripe. Fue un período muy triste, había una especie de tristeza cubriendo la ciudad. Cuando se miraba las calles, apenas se podía ver a alguien caminando por allí. La gente se quedaba en sus casas porque tenía miedo", recuerda Reba Haimovitz que por entonces era una niña que vivía en Filadelfia.
Durante los últimos 100 años, los nuevos virus de influenza han causado cuatro pandemias: en 1918, 1957, 1968 y 2009. Una pandemia de influenza es distinta de la influenza de temporada más predecible. Una pandemia de influenza ocurre cuando surge un nuevo virus de influenza A contra el cual los seres humanos presentan poca o ninguna inmunidad. El virus causa una enfermedad grave y se disemina fácilmente de persona a persona por todo el mundo.
Entre los supervivientes que comparten sus historias en Oíamos doblar las campanas están:
- Maria Prats Gomez, cuya familia se mudó a El Paso para escapar de la confusión de la revolución mexicana. Noventa años más tarde todavía recuerda los sueños febriles que tenía cuando estaba enferma de gripe y cómo la pandemia de gripe cambió la ciudad.
- Annah Elnora Thurber, que sobrevivió a la influenza de enero de 1919 en una granja sin agua corriente en el Condado de Sequoyah, Oklahoma. La madre de Annah, embarazada de su cuarto hijo, cuidaba de ocho miembros de la familia muy enfermos.
- Florence Parks, que enfermó de gripe mientras vivía en las viviendas de los trabajadores afroamericanos de Bethlehem Steel. Florence elogia a la valiente mujer de su comunidad que asumió la responsabilidad de cuidar de sus vecinos enfermos y consiguió evitar caer enferma ella misma.
"Hubo escasez de médicos y enfermeras durante la pandemia de influenza de 1918 porque la mayoría estaba sirviendo en la guerra (Primera Guerra Mundial). Así que había una mezcla de personal médico tanto calificado como con alguna formación, y aquellos que básicamente eran personas con una gran conciencia cívica que querían participar en el cuidado de los enfermos", dice la Dra. Alexandra Minna Stern, Directora adjunta del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan. "Estas personas tan valientes arriesgaban sus vidas para ayudar a que los demás se recuperaran de la gripe".
Se calcula que unos 500 millones de personas contrajeron el virus, un tercio de la población mundial (aproximadamente 1.6 billones en ese momento). Había pocas comunidades protegidas de las olas de la enfermedad mortal que se extendían por todo el mundo. La pandemia se extendió hacia el Ártico y las lejanas islas del Pacífico.
Oíamos doblar las campanas narra la expedición del Dr. Johan Hultin como estudiante de posgrado a un remoto pueblo de Alaska que fue prácticamente arrasado por la pandemia. Su intento en 1951 por encontrar vivo el virus de la pandemia de 1918 fracasa, pero su regreso al mismo sitio 46 años más tarde es crucial para ayudar al patólogo molecular Dr. Jeffery Taubenberger a secuenciar el genoma del virus de la gripe de 1918, la culminación de un esfuerzo de diez años.
Antes de la recuperación de tejido de nativos de Alaska por parte del Dr. Hultin, los científicos solo tenían una mínima porción de tejido para intentar obtener la secuencia del virus de 1918. La expedición del Dr. Hultin proporcionó grandes secciones de tejido, por tanto los científicos pudieron secuenciar los genes del virus. "Hemos visto una explosión de información acerca de la influenza durante los últimos 10 años, aproximadamente, gracias a... la secuenciación del virus de 1918…” dice el Dr. David Morens, Asesor Científico Senior del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas.
En 1918, al igual que ahora, la mayoría de las personas no consideraban que la influenza fuese una enfermedad que pudiera causar la muerte. De hecho, las complicaciones de la gripe de temporada solían causar un promedio de más de 200,000 hospitalizaciones al año en los EE. UU. y una media de 36.000 personas morían debido a complicaciones a causa de la gripe.
En 1918 la gente no sabía a lo que se enfrentaba. Todavía no se habían descubierto antibióticos para tratar las infecciones secundarias a la gripe. Hoy en día tenemos avances tecnológicos biomédicos y de atención médica que nos ayudan a sobrellevar tanto la gripe de temporada como la gripe pandémica. Tenemos vacunas como primera línea de defensa. Ahora disponemos de fármacos antivirales para ayudar a tratar la gripe. También disponemos de mascarillas de respiración y de buenas unidades de cuidados intensivos. Además, tenemos el beneficio de la vigilancia global de la influenza, que nos puede ayudar a rastrear la enfermedad y a prepararnos. Nuestros padres y abuelos que vivieron en 1918 no estaban advertidos ni tenían la posibilidad de estar preparados.
“Hay mucho que aprender si se sigue estudiando la gripe de 1918”, dice el Dr. Anthony S. Fauci, Director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas. La lección más importante es que las pandemias pueden ser muy graves. Pero las pandemias también pueden ser muy extensas pero no tan graves... Así que siempre se debe estar preparado para la peor situación posible. Lo único que se puede predecir de la influenza es que es impredecible".




