Se recopilaron historias y anécdotas sobre el impacto de la Gran Pandemia en cada estado para presentarlas en las cumbres para la planificación para una pandemia realizadas en cada estado.
Cumbre del Estado de Oklahoma
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
29 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Oklahoma.
La pandemia hizo su primera aparición el 26 de septiembre, rodeando a la ciudad de Oklahoma con brotes simultáneos en Tulsa (noreste de la ciudad de Oklahoma) y Clinton (sudoeste de la ciudad de Oklahoma). Para el 4 de octubre, más de 1,200 habitantes de Oklahoma en 24 condados padecían la gripe.
La pandemia hizo estragos en Oklahoma durante el terrible mes de octubre.
En Tulsa, se estableció un hospital de emergencia bajo el auspicio de la Cruz Roja. Aproximadamente 260 habitantes de Tulsa fueron internados. Veinte de ellos fallecieron.
Aquí, en la ciudad de Oklahoma, la Administración de Alimentos y Medicamentos tuvo que cancelar una reunión previamente programada. Había trescientas personas con gripe en la ciudad, lo que hacía simplemente imposible realizar algo semejante.
Los médicos agotaban sus fuerzas para ayudar a las personas afectadas por la pandemia. En la ciudad de Enid (al norte de la ciudad de Oklahoma), un paciente atendido por el Dr. David Harris recordaba verlo mordisqueando un muslo de pollo, derramando caldo sobre las sábanas y tomando el pulso con la mano que tenía libre.
Pero a pesar de esos esfuerzos agotadores, la pandemia se cobró numerosas víctimas en Oklahoma.
Nadie puede estar seguro de las bajas que sufrió Oklahoma, pero cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Oklahoma.
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Cumbre del Estado de Oregón
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
30 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Oregón.
Nadie está seguro de cuándo comenzó, ya que cuando se realizaron los primeros informes a mediados de octubre, la pandemia ya se había expandido por todo el estado, desde Pendleton (en el noreste) hasta Portland, y desde Baker (cerca de Pendleton) hasta Eugene.
La ciudad de Medford (ubicada en la zona sur central de Oregón) fue la primera que prohibió todas las reuniones públicas, cuando E.B. Pickel, Director de Salud, y C.E. "Pop" Gates, el alcalde, publicaron un edicto que ordenaba cerrar "todos los lugares de entretenimiento, teatros, cines,... iglesias, hoteles, escuelas, y todas los encuentros públicos de cualquier tipo donde se reúnan las personas-que permanecerá en vigencia hasta que disminuya dicha epidemia".
Cuando la situación empeoró, la ciudad exigió que todas las residencias en las que vivía alguien afectado por la gripe colocaran un cartel azul con las palabras "Contagioso, influenza" bien expuesto a la vista.
Más adelante durante la pandemia, el Ayuntamiento de Medford dictó una orden que exigía que todas las personas que realizaran actividades comerciales, montaran a caballo o caminaran por las calles de la ciudad utilizaran máscaras. Al principio no había suficientes máscaras, así que se utilizaban todos tipos de máscaras "desde velos de mujer hasta pañuelos".
Voluntarios de la Cruz Roja local hicieron máscaras para Medford, y también brindaron servicios de vital importancia en otras comunidades. Por ejemplo, en Klamath Falls (ubicada al oeste de Medford), los voluntarios de la Cruz Roja no sólo hicieron máscaras, sino también chaquetas para la neumonía (de franela), y otros artículos necesarios. La necesidad de tales artículos era tanta que la Cruz Roja tenía sus puertas abiertas los siete días de la semana sólo para mantenerse al día.
Una enfermera de salud pública informó sobre la situación nefasta que se vivía en el campo. Declaró que "no hay comida ni ropa de cama, y absolutamente ninguna noción de los principios básicos de higiene, salubridad o atención de enfermería".
Hubo algunas historias positivas. Por ejemplo, una niña de cuatro años de Portland se habría recuperado de la gripe luego de que su madre le diera un jarabe de cebolla y la tapara de pies a cabeza con brillantes cebollas crudas durante tres días enteros.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Oregón.
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Cumbre del Estado de Pensilvania
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
20 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Pensilvania.
Antes comenté la descripción de John Barry sobre lo que sucedió en Filadelfia. Permítanme darles más detalles ahora.
El 27 de septiembre de 1918 Pensilvania informó con optimismo que se habían denunciado "relativamente pocos casos" entre la población civil. Luego, la influenza se impuso.
El 4 de octubre, el estado informó que la enfermedad era una epidemia en Pittsburgh y Filadelfia. Hubo casi 15,000 casos durante los primeros 18 días de octubre, y el atroz número de víctimas continuó en aumento.
Filadelfia fue una de las ciudades más golpeadas de los Estados Unidos. A medida que se propagaba la enfermedad, los servicios esenciales colapsaban. Casi 500 policías no se presentaron a trabajar. Los bomberos, los recolectores de residuos y los administradores de la ciudad enfermaron.
La única morgue de la ciudad estaba desbordada. Se había construido para albergar 36 cadáveres, pero contenía más de 500. Los cuerpos se acumulaban en los pasillos de la morgue y se pudrían allí. Con el tiempo, se abrieron cinco morgues adicionales. Se reclutó a presidiarios para que cavaran tumbas. Los ataúdes nunca eran suficientes, y las personas los robaban de las funerarias cuando podían.
Se prohibieron las reuniones públicas para limitar la propagación de la enfermedad. Se paralizaron los tranvías. Se cerraron las escuelas, las iglesias y los lugares de reuniones públicas, al igual que los teatros y los lugares de entretenimiento.
El costo humano fue intolerable.
Selma Epp recordaba la experiencia de su familia con la gripe:
"[Nosotros] hacíamos [nuestros] propios remedios, como aceite de ricino [y] laxantes...Todos en mi casa se debilitaban cada vez más. Luego, mi hermano Daniel murió. Mi tía vio el carro tirado por caballos que venía por la calle. La persona más fuerte de nuestra familia llevó el cuerpo de Daniel hasta la acera. Todos estaban demasiado débiles para protestar. No había ataúdes en el carro, sólo cadáveres apilados uno encima del otro. Daniel tenía dos años; era un niñito. Pusieron su cuerpo en el carro y se lo llevaron."
Mientras la enfermedad hacía estragos en Filadelfia, unas 50,000 personas estaban afectadas en Pittsburgh. Y también lo estaban miles de personas en todo el estado.
Casi 24,000 habitantes de Pensilvania murieron durante el primer mes de la enfermedad. Para el 25 de octubre, una vez que pasó la primera ola de la pandemia, se calculó que 350,000 personas habían sido afectadas por la gripe (de las cuales aproximadamente 150,000 eran de Filadelfia).
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Pensilvania.
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Cumbre del Estado de Rhode Island: Suplemento histórico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
13 de enero de 2006
Toda Nueva Inglaterra se vio afectada por la pandemia. Apareció primero en Massachusetts y luego se extendió como un reguero de pólvora en el resto de la región.
No se sabe exactamente qué día de septiembre de 1918 la pandemia llegó a Rhode Island por primera vez, pero se sabe que el número de víctimas fue atroz.
Una de las personas que se llevó ese triste septiembre fue un joven marinero llamado John Stanley Harman. El Providence Journal relató su trágica historia. John era un aprendiz de hospital en la Reserva Naval. Luego de atender a dos hombres con gripe, él también fue abatido por la enfermedad.
John vivió sólo 36 horas más. La señorita Alice Wood estuvo a su lado cuando murió. Era la prometida de John y se iban a casar el primero de octubre.
Durante la pandemia, Rhode Island sufrió la escasez de personal médico. Parte de esta escasez se debió a que la pandemia afectó al personal capacitado. También se debió al hecho de que tres cuartas partes de las enfermeras de Rhode Island (230 de 300) se habían ofrecido como voluntarias para trabajar a nivel nacional durante las primeras etapas de la pandemia.
Debido a la escasez, los estudiantes de enfermería comenzaron a atender a los pacientes y estaban muy ocupados. Se instalaron hospitales de emergencia en varias ciudades de Rhode Island: Pawtucket, Woonsocket, Warwick y Westerly. En Westerly, una escuela abandonada se transformó en hospital, completo con nueva instalación eléctrica y de plomería, casi de la noche a la mañana.
Muchas personas que no cuidaban a los enfermos trataban de contener la enfermedad en otras formas. En Providence, al igual que en muchos otros lugares, se debatía si se debían cancelar o no todas las reuniones públicas.
Sorprendentemente, una de las personas que estaba en desacuerdo era Charles V. Chapin, jefe del Departamento de Salud Pública de Rhode Island y experto en salud pública reconocido a nivel nacional.
El Dr. Chapin decía que prohibir las reuniones no serviría de mucho ya que la enfermedad ya se había propagado por todo el estado. También decía que la enfermedad debía seguir su curso, y que se llevaría a todos los que pudiera.
El número de víctimas fue tan nefasto como la opinión del Dr. Chapin. Para la primera semana de noviembre, el estado denunciaba "50 muertes por día" al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos. Cuando la gripe pandémica finalmente tocó a su fin, entre 2,000 y 2,500 habitantes de Rhode Island habían caído en manos de la enfermedad.
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Cumbre del Estado de Carolina del Sur
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
2 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Carolina del Sur.
La primera referencia a la influenza en Carolina del Sur apareció el 27 de septiembre de 1918 en los informes de salud pública del estado. Cuatro días después, un telegrama denunció 1,500 casos en el estado.
Para fines de ese mes, se calcula que se habían producido 80,000 casos, que ocasionaron aproximadamente 3,000 muertes.
Si bien no se conocen con certeza los números totales del estado, está claro que miles de casos brotaban en las ciudades de todo el estado durante los picos de la pandemia. Columbia, por ejemplo, soportó 4,427 casos durante la segunda semana de octubre.
Cerca de allí, la enfermedad también atacó con fuerza en Camp Jackson. Allí, el hospital de la base desbordaba de hombres demasiado débiles para mantenerse en pie, y una sección entera del campamento se convirtió en un pabellón del hospital. Se atendieron más de 5,000 soldados por influenza y aproximadamente 300 murieron a causa de la enfermedad.
Aquí en Columbia, había dos hospitales en ese momento: Columbia, con aproximadamente 100 camas, y Baptist, que tenía menos de 50. Con una población de más de 37,000 personas en toda la ciudad, estos hospitales fueron completamente desbordados por la pandemia.
Columbia, y todo Carolina del Sur, reaccionaron de la misma forma que otras ciudades y estados del país:
Se cerraron las escuelas y los negocios, se prohibieron las reuniones públicas e incluso la Corte Suprema cerró sus puertas. Se recomendaba firmemente el uso de máscaras de gasa, y las instituciones que tenían espacios libres, como la Universidad de Carolina del Sur, se convirtieron en hospitales auxiliares.
Eucapine, Vick's VapoRub y otras medicinas patentadas se hicieron populares y se las promocionaba como curas para la enfermedad. El gobernador incluso permitió el uso de alcohol, ilegal en ese entonces, porque los doctores recomendaban su uso como remedio y nada más parecía funcionar.
Aún en 1920, la pandemia continuaba en Carolina del Sur.
El 26 de enero, C.V. Akin, un asesor en epidemiología destinado en Columbia, envió un telegrama a Rupert Blue, Director General de Salud Pública de los EE. UU.:
"Los informes indican la existencia [de] una forma leve [de] epidemia de influenza [en] Carolina del Sur... No hay demasiada preocupación pero si la enfermedad se sigue propagando habrá mucho sufrimiento debido a la falta total de enfermeras para el caso de una epidemia. [El] Secretario [de la] Asociación Médica del Estado desea saber qué ayuda material se puede esperar del servicio si se agrava la epidemia. Le ruego nos haga saber..."
El mismo día, el Director General Blue respondió:
"No hay ayuda general disponible [para] influenza según la asignación vigente para epidemias que proporciona durante este año [para el] control [de] la propagación interestatal solamente. Por consiguiente, no podemos prestar ayuda intraestatal. La solicitud de ayuda de enfermería se debe realizar directamente a la sección o al Director de División de la Cruz Roja local."
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Carolina del Sur.
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Cumbre del Estado de Dakota del Sur
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
9 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Dakota del Sur.
A fines de septiembre, el estado denunció "unos pocos casos aislados" al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos. A la semana, había varios cientos de casos. Y el virus continuó propagándose.
El gobernador Peter Norbeck contrajo la enfermedad luego de un viaje de negocios en Lusk, Wyoming, y fue internado en el hospital St. Joseph's de Deadwood (seis horas al oeste de Sioux Falls, 15 millas al este de la frontera de Wyoming). El gobernador sobrevivió, pero otros no fueron tan afortunados.
Los habitantes de Dakota del Sur trataron de contener el veloz avance de la influenza con medidas preventivas y ordenanzas de sanidad.
Se prohibieron las reuniones públicas. Las iglesias, los teatros, las escuelas, los salones de billar y otros lugares públicos se cerraron indefinidamente. La Universidad de Dakota del Sur cerró sus puertas. Todos los funerales debían realizarse al aire libre para evitar el contagio de la enfermedad entre grandes grupos de personas.
En Rapid City, se prohibió escupir en las aceras. Nadie estaba eximido. Un agente de policía de la ciudad fue arrestado de acuerdo con esta ley y se le aplicó una multa de $6 por cometer la infracción, una suma considerable en 1918.
En algunas ciudades y pueblos, se exigía a los peatones que llevaran una nota del médico en la que constara que ya habían tenido la gripe y se habían recuperado y que, por lo tanto, ya no podían contraer ni propagar la enfermedad.
Los periódicos sugerían remedios como Hood's Sarsaparilla, Pepitron y Foley's Honey and Tar. También ofrecían consejos para ayudar a la gente a evitar la gripe, tales como:
"Cuando hable con otra persona, aléjese por lo menos dos o tres pies."
"Vístase con ropas cómodas y coma alimentos sanos."
"Mantenga su casa bien ventilada y permita la entrada constante de aire fresco".
Pero nada funcionaba. Cuando la pandemia finalmente alcanzó su punto máximo, miles de habitantes de Dakota del Sur se habían contagiado. Más de 200 habían muerto.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Dakota del Sur.
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Cumbre del Estado de Tennessee
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
10 de abril de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Tennessee.
Comenzó a fines de septiembre con "dos casos sospechosos" que se denunciaron en Memphis. Cuatro días después, ese número saltó a 95 casos. A mediados del mes, Memphis solamente luchaba contra más de 6,000 mil casos de gripe y ésta se propagaba del área urbana a las zonas rurales.
La situación en Nashville era aún peor.
En plena pandemia, Nashville tenía apenas 250 médicos. Muchos de los médicos también sucumbieron a la gripe.
A menudo, la escasez de personal esencial agravaba aún más la crisis. Debido a la falta de recolectores de residuos en la ciudad, se acumularon aguas residuales en las calles, lo que trajo preocupación por la posible aparición de otras enfermedades.
No se podían abrir hospitales de emergencia para atender el número cada vez mayor de pacientes porque no había suficiente personal. La mayoría de los pacientes eran aislados en sus hogares y atendidos allí, si es que podían obtener atención médica.
Un médico que atendía al padre de una familia de 11 integrantes le dijo que su familia le había contagiado la gripe. Cuando le preguntó a su paciente quién le cuidaría, el padre sólo pudo responder "No sé".
La situación era la misma para todos los habitantes de Tennessee.
A menudo, los enfermos debían arreglárselas solos, ya que los vecinos se negaban a ayudarles por temor de contagiarse ellos también.
La enfermedad era impredecible y no hacía distinciones.
Un médico de Tennessee escribió en su diario médico: "El hombre que cavó la tumba para su vecino hoy, pudiera encabezar el cortejo fúnebre la próxima semana. No se puede decir quién será el siguiente".
La gente luchaba con lo que tenía.
En todo el estado, se ordenó cerrar los negocios que no se consideraban esenciales. Se cerraron las escuelas y las iglesias y las reuniones públicas debían evitarse en la medida de lo posible. Se ordenó a la Nashville Street Railway and Light Company que los coches anduvieran con las ventanas abiertas para que se ventilaran.
El Dr. E.L. Bishop, de la Junta Estatal de Salud, ofreció su consejo al condenar "los besos promiscuos... especialmente aquellos que no son esenciales". Él dijo: "[un] beso de infección... realmente puede ser el beso de la muerte".
Un juez autorizó las bebidas alcohólicas, prohibidas en ese entonces, que habían sido incautadas por la policía para usarlas como tratamiento para la influenza. El director de salud de la ciudad de inmediato recibió un aluvión de solicitudes del "remedio". Según el periódico local, los suplicantes "abarrotaron [su]...oficina y abrumaron al desafortunado médico. Los negocios se pararon, pero los pasos, pasos y pasos de los muchachos subiendo la escalera de la oficina nunca se detenían".
Los pasos, pasos y pasos de la tragedia también siguieron su marcha.
Nadie sabe cuántos habitantes de Tennessee se contagiaron. Pero en las dos últimas semanas de octubre, cuando la pandemia estaba en su punto más alto, casi 11,000 personas se vieron afectadas. Más de 650 murieron. Durante el curso de la pandemia, un historiador calculó que Nashville solamente luchó contra 40,000 casos, y perdió 468 personas.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Tennessee.
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Cumbre del Estado de Texas
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
27 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Texas.
Los informes sobre la posibilidad de una pandemia precedieron a la enfermedad en Texas por aproximadamente dos semanas. Pero para el 23 de septiembre, había informes confirmados sobre la enfermedad cerca de Austin y Dallas. El 4 de octubre, 35 condados informaban la presencia de influenza, con una cantidad de casos que oscilaba entre uno y 2,000 por condado.
La pandemia seguía creciendo. Las víctimas seguían cayendo. Y la gente seguía buscando formas de contener la pandemia y de preservar sus vidas.
En El Paso se impuso una cuarentena.
El periódico The Dallas Morning News publicó que para sobrevivir a la pandemia se necesitaba "atención médica, buenos cuidados, aire fresco, alimentos nutritivos, mucha agua y un ambiente alegre."
El Consejo Estatal de Salud de Texas proporcionó a las escuelas varias sugerencias sobre cómo prevenir los brotes de gripe.
El Consejo escribió:
"Todos los días . . . se deben limpiar los pisos con desinfectante. Todos los muebles, escritorios, sillas, mesas y puertas deben limpiarse con un paño humedecido con linaza, queroseno y aguarrás. Todos los alumnos deben tener un pañuelo limpio en todo momento y no deberán dejarlo sobre el escritorio. Un alumno podrá ser suspendido por escupir en el piso, estornudar o toser, excepto que se cubra con un pañuelo. Se debe evitar que los alumnos se sienten en una corriente de aire. No se permitirá que los alumnos con ropas o pies mojados permanezcan en la escuela".
Pero a pesar de esos esfuerzos, la pandemia cobró numerosas víctimas en Texas. Para fines de octubre, más de 106,000 texanos de los centros urbanos del estado se habían contagiado. Más de 2,100 habían muerto.
Los ecos del temor y pérdida resonaron con fuerza, con tanta fuerza que cuando se diagnosticaron 221 casos de influenza en Dallas más de un año después (25 de enero de 1920), el Director Estatal de Salud Pública envió un mensaje urgente a Rupert Blue, Director General de Salud Pública, para informarle sobre la situación y solicitarle su consejo sobre otras medidas de control, además de las generales que ya se habían aplicado. El Director General respondió simplemente "El Servicio no tiene otras medidas para proponer."
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Texas.
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Cumbre Tribal
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
18 de mayo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a las tribus.
Un grupo de estudiantes indios de Lawrence, Kansas, fueron los primeros afectados por la enfermedad, en marzo de 1918. La pandemia se replegó, pero retornó con terror en el otoño.
Pocos periódicos estadounidenses publicaban historias sobre lo que sucedía, pero el 14 de octubre, el Comisionado de Asuntos Indios solicitó ayuda para las personas que se estaban enfermando en varias reservas.
Los navajos se vieron especialmente afectados. Los casos de abandono de familiares eran comunes debido a que la enfermedad estaba muy extendida y era muy temida. Un comerciante llamado Joseph Schmedding, que entró a una reserva navaja pocas semanas después de que se desatara la pandemia, encontró 30 indios, jóvenes y viejos, muertos en hogans abandonadas.
En la ciudad de Tuba, en la reserva navaja de Arizona, una escuela se convirtió en un hospital. La esposa de un comerciante navajo escribió “En varias millas a la redonda, todas las hogans de invierno fueron abandonadas [por miedo a la infección]. Los vivos se fueron a vivir debajo de la lluvia y buscaron refugio donde pudieron en los campamentos desiertos”.
En Utah, la propagación de la enfermedad fue favorecida por los ritos funerarios tradicionales de los indios Pahvent (miembros de la tribu Ute), que tenían su campamento cerca de la ciudad de Meadow. Un blanco que visitó el campamento comentó “Había muchos cadáveres en las carpas y familias...alrededor de los cadáveres...cantando y salmodiando.” El único médico de Meadow estaba enfermo de influenza y no podía tratar a los indios de la zona.
En Alaska, la pandemia arrasó las comunidades, matando aldeas enteras de esquimales y nativos de Alaska. Una maestra informó que en las inmediaciones, “Tres [aldeas fueron] completamente exterminadas, otras tienen un promedio de 85 por ciento de muertes. El número total de muertes fue 750, probablemente el 25 por ciento . . . murieron congelados antes de que llegara la ayuda.”
Una aldea esquimal cerca de Nome, Alaska, fue diezmada: 176 de 300 personas murieron. La enfermedad se propagaba rápidamente y familias enteras que estaban demasiado enfermas para mantener el fuego encendido, morían congeladas en sus hogares. Spit the Wind, un muchacho de 25 años considerado el mejor conductor de trineos de Alaska, murió. Antes de que la pandemia lo atrapara, había sobrevivido a una durísima expedición al Polo Norte, durante la cual había tenido que comerse los cordones de sus zapatos para nieve.
Muchos esquimales y nativos de Alaska estaban tan enfermos que no podían cortar madera ni cazar alces. Por consiguiente, murieron de hambre una vez que la pandemia tocó a su fin.
Nunca se conocerán los números finales pero se calculó que aproximadamente 24 por ciento de los indios que vivían en reservas de todos los Estados Unidos fueron afectados por la pandemia. De ellos, el nueve por ciento murió.
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Cumbre del Estado de Utah
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
24 de marzo de 2006
La Cruz Roja organizó una función para recaudar fondos en la ciudad de Cedar. Los organizadores crearon una diosa de la Libertad y siguiendo la costumbre del estado de usar máscaras, le colocaron una.
En todas partes se tomaron medidas similares. En todo el estado, se cancelaron o limitaron las reuniones en iglesias, y las fiestas privadas y públicas. Se aplicaba una multa por escupir y era obligatorio usar máscara.
La ciudad de Ogden se puso en cuarentena. Nadie podía salir o entrar sin una nota del médico. En Panguitch (cerca de Brice Canyon), Margaret Callister, una niña en ese momento, recordaba, "Había muertos por todos lados, tres o cuatro por familia". Para mantener sana a Margaret y a sus hermanos, su madre les puso bolsas con hierbas alrededor del cuello.
En la ciudad de Meadow (en la región central sur de Utah), el vecino Lee Reay recordaba:
"Nadie había visto los gérmenes de la enfermedad. Nadie sabía de dónde venían. Sólo sabíamos que los gérmenes habían venido en el aire y se habían metido en nuestra casa. Tapamos los ojos de las cerraduras con algodón para que no entrara el aire y sellamos las puertas y las rendijas alrededor de las mismas, porque pensábamos que el aire exterior estaba contaminado. Recuerdo que una familia cerró todas las posibles entradas de aire fresco de la casa. Cerraron hasta el regulador de tiro de la estufa. Taparon los ojos de las cerraduras de las puertas, sellaron las ventanas y se quedaron adentro, respirando su propio aire una y otra vez."
Cuando se enfermó el único médico de la ciudad, Martha Adams, una curandera del lugar, le dio unas hierbas a William Reay. William dejó las hierbas en infusión y le agregó otros ingredientes (incluido tocino y miel). Luego embotelló el "medicamento" y le puso una etiqueta que decía "Medicamento para influenza." El hijo de Reay recordaba que "no era un medicamento verdadero, desde luego, pero hacía sentir mejor a la gente porque creían que era un medicamento".
Otros probaban con alcohol. Aunque el alcohol estaba prohibido en Utah, los funcionarios de salud autorizaron a los médicos a utilizarlo como medida preventiva.
Las medidas de salud pública parecieron tener un efecto positivo en algunos lugares. Por ejemplo, el uso obligatorio de máscaras en la ciudad de Park (bajo pena de arresto) disminuyó el impacto de la pandemia.
Pero la gente seguía muriendo. Y debido a la pandemia, muy pocas personas asistían a los funerales. Por ejemplo, al funeral de Joseph Fielding Smith, Presidente de la Iglesia de Los Santos de los Últimos Días (que murió el 19 de noviembre de 1918) sólo asistieron unos pocos familiares.
Él fue uno de tantos. Nadie conoce con certeza los números definitivos, pero miles de habitantes de Utah fueron afectados por la influenza y cientos murieron.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Utah.
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Cumbre del Estado de Vermont: Suplemento histórico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
12 de enero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Vermont.
Vermont fue uno de los estados más afectados de Nueva Inglaterra. La pandemia llegó de repente, se propagó rápidamente y se cobró un número espantoso de víctimas.
Es imposible saber con certeza cuántas personas fueron afectadas por la gripe. Al encontrarse con infinidad de enfermos que tratar, los médicos simplemente dejaron de denunciar los casos nuevos al Servicio de Salud Pública. Los registros incompletos de las cinco semanas durante las cuales el estado luchó contra la gripe muestran que casi 23,000 habitantes de Vermont fueron afectados.
Aquéllos que tuvieron la suerte de escapar de la gripe se veían igualmente afectados por la trágica experiencia de ver sufrir a sus amigos y morir a sus seres queridos.
Uno de estos individuos era un hombre llamado Frank Eastman. El Sr. Eastman trabajaba para una pequeña empresa eléctrica en Montpelier, que luego se convertiría en la Green Mountain Power Corp.
Este hombre describió la propagación de la enfermedad en un diario que llevaba en su trabajo. El viernes 27 de septiembre, el Sr. Eastman escribió que nueve miembros de su personal estaban enfermos. Al día siguiente, cinco más estaban enfermos. Las muertes comenzaron a ocurrir aproximadamente dos semanas después. El Sr. Eastman anotó "Carpenter Wiley murió esta mañana y el telefonista, esta tarde".
Cuando la pandemia ya había pasado por Vermont, innumerables personas habían sido afectadas. Casi 1,800 personas habían muerto.
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Cumbre del Estado de Virginia
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
23 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Virginia.
En Virginia, la influenza afectó al personal de la Marina a principios de septiembre; sin embargo, el estado no denunció esos casos durante aproximadamente dos semanas.
Para la última semana de septiembre, la pandemia se había impuesto en Newport News, Norfolk, Petersburg y Portsmouth, e hizo estragos en todo Virginia durante el cruel mes de octubre.
Los habitantes de Virginia hacían lo que podía para contenerla. Se cerraron las escuelas. Se prohibieron las reuniones públicas y las fiestas de fin de semana. Incluso la feria estatal se cerró antes debido a la gripe.
Los médicos brindaban socorro y ayuda a todos los pacientes que podían, pero los suministros escaseaban y muchos médicos estaban enfermos también.
En Alexandria, los dos médicos de la ciudad visitaban cientos de pacientes por día, y les daban un tratamiento preparado de cápsulas de atropina (belladona) y whisky.
En Richmond, el Dr. Bernard Reams recurrió a un tratamiento que había dejado de utilizarse desde la década de 1880, y que consistía en poner en remojo las piernas y los pies de los pacientes en agua hirviendo y luego envolverlos con frazadas hasta que se pusieran rojos y sudaran.
Algunos habitantes de Virginia recurrieron a sus propios remedios caseros. Por ejemplo, John Brinkley, un aparcero de la ciudad de Max Meadows (región oeste del estado, a unas dos horas al norte de Greensboro), creía que "un poco de aire fresco podía ser fatal." Por lo tanto, encerró a su familia en la sala de estar alrededor de un fuego de una estufa a leña. Durante siete días, la familia permaneció en la sala con el fuego. En el octavo día, la casa se incendió y los Brinkley tuvieron que ser evacuados.
El aire fresco no mató los temores del Sr. Brinkley. Y tampoco lo hizo la influenza. Pero otros vecinos de Virginia no fueron tan afortunados.
Para mediados de octubre, Virginia había tenido más de 200,000 casos de influenza. Para fin de año, más de 15,000 habitantes de Virginia habrían muerto.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Virginia.
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Cumbre del Estado de Washington
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
Por el Honorable Alex Azar
Subsecretario de Salud y Servicios Humanos
14 de abril de 2006
El 27 de septiembre de 1918, funcionarios de Washington denunciaron por primera vez la presencia de influenza, e informaron que "se habían denunciado algunos casos en las inmediaciones de American Lake." Este informe oficial llegó diez días después de que la pandemia apareció en el estado, cuando los reclutas de Filadelfia llegaron a Puget Sound Naval Yard, once de ellos estaban enfermos de gripe.
El 23 de septiembre, 10,000 personas se reunieron para presenciar una revista de la Infantería de la Guardia Nacional de Washington. Si bien el director médico del campamento reconoció que se podría producir una ligera epidemia, insistió en que no había nada de que preocuparse. Su error de cálculo facilitó la propagación de la gripe. Para el 25, la influenza era epidémica en Seattle.
El 11 de octubre, funcionarios de Washington informaron que "se habían cerrado las escuelas y se habían prohibido las reuniones públicas en Seattle, Bremerton, Pasco, Prosser, Sultan y Port Angeles. El 7 de octubre, se calculó que había 1,000 casos de influenza en Bremerton". Muchas de las escuelas que se habían cerrado no se abrieron hasta enero o marzo de 1919.
El 18 de octubre, se determinó que "la enfermedad es epidémica en Seattle y Spokane". Y durante esa semana "se denunciaron 7,349 casos". La semana siguiente, se denunciaron 5,322 casos.
El 29 de octubre, Seattle estableció el uso obligatorio de máscaras, y el resto del estado hizo lo mismo al día siguiente.
En Seattle, el Ayuntamiento viejo y una de las residencias estudiantiles de la Universidad de Washington se convirtieron en hospitales de emergencia. Se prohibieron las reuniones públicas, incluso la asistencia a la iglesia. En respuesta a las quejas de los pastores, el alcalde dijo, "Una religión que se mantiene por dos semanas no vale la pena".
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Washington.
arriba
Cumbre del Estado de Virginia Occidental: Suplemento histórico
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
12 de enero de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Virginia Occidental.
Charleston vio los primeros casos de influenza el 28 de septiembre, cuando se produjeron 7 casos. Durante las cinco semanas siguientes, hubo más de 2,300 casos, y más de 200 muertes.
Hubo más casos, pero no se registraron. A mediados de noviembre, las autoridades de Charleston dejaron de informar al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos. Es probable que estuvieran simplemente demasiado ocupados.
La crisis fue igualmente grave en Martinsburg WV (ubicada en el extremo noreste del estado). Tantas personas estaban enfermas o estaban cuidando a enfermos que un comité local calculó que sólo dos de diez personas podían realizar sus tareas habituales.
Los sepultureros no podían ponerse al día con los pedidos de sus servicios en Martinsburg. Durante varias semanas, los sepultureros tuvieron un atraso de por lo menos dos docenas de tumbas, que debían cavarse por día.
Los entierros eran rápidos. Los funerales estaban prohibidos, al igual que todas las reuniones públicas, y las iglesias y los teatros estaban cerrados.
El periódico local de Martinsburg publicó una lista de "Cosas que no debe hacer: no se preocupe, no hable sobre eso, no piense en eso, no esté en contacto con las personas contagiadas".
Pero tales consejos eran difíciles de seguir. Por ejemplo, James Horvatt fue procesado en el tribunal del condado del área de Martinsburg el 27 de septiembre de 1918 por una supuesta falsificación de un cheque de $40. Horvatt se había contagiado la gripe en la prisión mientras esperaba el juicio, y estaba muy enfermo cuando se presentó ante el tribunal.
La enfermedad se propagó entre todos los que estaban en el tribunal ese día. Tres abogados que participaron en el juicio contrajeron la influenza y murieron tres días después de que finalizara el juicio de Horvatt. Otras tres personas, el juez, el actuario y el fiscal adjunto del juicio de Horvatt, contrajeron la enfermedad y estuvieron cerca de la muerte. Y lo mismo les sucedió a sus familiares más cercanos.
Se dijo que casi todas las familias perdieron a alguien. Una de las familias que sufrió tal pérdida fue la de un niño que se convertiría en uno de los senadores de la Nación que permanecería en su cargo por más tiempo. La madre del Senador Robert Byrd era de Carolina del Norte y murió de influenza cuando su hijo tenía sólo un año. El niño fue criado por sus tíos de Virginia Occidental.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Virginia Occidental.
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Cumbre del Estado de Wisconsin
Alex M. Azar II, Subsecretario
Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU.
15 de marzo de 2006
Permítanme que les cuente cómo la pandemia de 1918 afectó a Wisconsin.
El 2 de octubre de 1918, el Consejo Estatal de Salud de Wisconsin realizó una reunión especial para tratar el tema de la propagación de la gripe. Se emitieron una serie de regulaciones que exigían que "todos los médicos que trataran casos de influenza...lo informaran...al director médico local".
En Oshkosh, el 8 de octubre, el titular de un periódico decía, "Los médicos no se ponen de acuerdo sobre cómo tratar la gripe. Todos dicen que la situación es grave. Algunos aconsejan una cuarentena en forma urgente." Para ese entonces, se habían denunciado 103 casos en el área. Cada vez que se denunciaba un caso, se colocaba un cartel de influenza en la puerta de la residencia. Según las regulaciones estatales, nadie podía entrar excepto las enfermeras, los médicos o los clérigos. El cartel decía: "Advertencia. Aquí hay influenza. No se debe quitar este cartel sin autorización. Los lecheros no deben entregar leche en botellas".
Recién el 10 de octubre, Cornelius Harper, director médico del estado, ordenó cerrar todas las instituciones públicas de Wisconsin.
Para ese entonces, Neenah había reportado sus primeros casos de influenza. Y el mismo día, el número de casos en Oshkosh aumentó a 163. Se informó que había escasez de flores para los funerales. La empresa Weeden Drug Company comenzó a anunciar sus "Medicamentos y curas para la gripe española" y la empresa Oshkosh Savings and Trust Company realizó varias campañas publicitarias de testamentos.
Adolf O. Erickson, dueño de una ferretería y maestro de catequesis de Winchester, narró la gripe en su diario. Escribió que un médico puso ocho inyecciones de aceite de alcanfor directamente en las piernas y los brazos de su hermano para tratar la altísima fiebre causada por la gripe.
El 22 de octubre, se distribuyó en Oshkosh una vacuna del Hospital Mayo. La vacuna era "gratis". Se recomendaban tres inoculaciones, una por semana, durante un período de seis a nueve meses para "conferir inmunidad". Se vacunó a muchas personas pero, desde luego, la vacuna resultó trágicamente ineficaz.
Cuatro enfermeras de Oshkosh, Myrtle Chapman, Nellie Folkman, Clara Barnett y Lydia Zwicky, graduadas de la escuela de capacitación del Hospital Mercy, trabajaron con la Cruz Roja. Realizaron tareas de emergencia en Camp Custer, las cuales incluían el cuidado de pacientes con influenza. Durante su trabajo, las cuatro contrajeron la gripe. Sólo una, Nellie Folkman, sobrevivió.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Wisconsin.
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Cumbre del Estado de Wyoming
Comentarios iniciales preparados para ser presentados
por el Honorable Mike Leavitt
Secretario de Salud y Servicios Humanos
10 de marzo de 2006
La Gran Pandemia también afectó a Wyoming.
No se sabe con certeza cuándo apareció por primera vez, pero para fines de septiembre de 1918 ya hacía estragos en todo el estado.
Las comunidades se unieron para responder a la epidemia.
En Sheridan, las mujeres de la Cruz Roja, que habían enrollado vendajes y tejido medias para colaborar en la campaña de la guerra, comenzaron a cuidar a las víctimas de la influenza. En la ciudad, se montó un hospital de emergencia sólo para las víctimas de la influenza, pero aún así murieron 18 personas.
En Thermapolis (ubicada en el noroeste central de Wyoming), las autoridades religiosas también se vieron bajo mucha presión. Un sacerdote católico del lugar viajaba largas distancias para cuidar a los feligreses aquejados de influenza. Muchas veces, cuando regresaba luego de viajes de cuatro días, se encontraba que algunos de sus feligreses habían muerto y habían sido enterrados en su ausencia.
En Casper, los oficios religiosos se cancelaron y los funerales se realizaban al aire libre. Para limitar la propagación de la enfermedad, se exigía que todos usaran máscaras mientras hacían las compras y sólo se permitía una cantidad limitada de personas en las tiendas.
Los niños que se enviaron fuera del estado para asistir a la escuela se convirtieron en víctimas en más de una forma. Por ejemplo, Alice Dodds, la hija de un hacendado de Wyoming, se contagió la gripe en un internado de Nebraska. Sus maestros no podía cuidarla, ya que también estaban enfermos. Por lo tanto, los padres de Alice fueron a buscarla y la llevaron a su casa, y Alice luego recordaba estar sentada en la estación del tren, rodeada de personas con máscaras.
Cuando la pandemia finalmente terminó en Wyoming, miles de personas habían sido afectadas. Se informó que al menos 800 habían muerto.
Cuando se trata de pandemias, no hay un fundamento racional para creer que los primeros años del siglo 21 serán diferentes del pasado. Si se desata una pandemia, llegará a Wyoming.
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