
Durante la pandemia de 1918, mi padre tenía 15 años y mi madre tenía 10 años. Vivían en Finney Hollow en el Condado de Russell, Virginia. Me contaron que en esa época, la gente solía preparar remedios caseros para ayudar a los que se contagiaban la gripe pandémica. Uno de esos remedios era un jarabe para la tos que se preparaba con corteza de cerezo hervida y escurrida que luego se endulzaba y a la que se le podía agregar un poco de licor (bebida alcohólica destilada). El otro era un ungüento tipo linimento que se calentaba y aplicaba sobre el pecho, preparado a base de grasa de cerdo, kerosene, alcanfor y algunos otros ingredientes.